El líquido amniótico, esencial durante el embarazo, puede presentar un desequilibrio, resultando en polihidramnios o exceso de líquido amniótico, una condición que puede generar complicaciones.
Durante el tercer trimestre de embarazo, los obstetras realizan mediciones mediante dos métodos: la máxima columna vertical (MCV) y el índice de líquido amniótico (ILA). El polihidramnios se clasifica como leve, moderado o severo según los niveles de índice de líquido amniótico. En la mayoría de los casos, el polihidramnios es asintomático, pero en casos graves, las embarazadas pueden experimentar dificultad para respirar y contracciones dolorosas, además de síntomas como inflamación de las piernas y distensión abdominal.
Las causas del polihidramnios pueden ser fetales, maternas o placentarias, incluyendo anomalías en el desarrollo fetal, diabetes gestacional, embarazo múltiple y alteraciones en la placenta. El tratamiento del polihidramnios varía según la gravedad. En casos severos con riesgo de parto prematuro, se puede realizar un amniodrenaje para eliminar el exceso de líquido. También se pueden usar inhibidores de las prostaglandinas a partir de la semana 32, aunque su aplicación conlleva riesgos para el feto y se reserva para casos particulares.
Las complicaciones asociadas al polihidramnios incluyen parto prematuro, ruptura de membranas, desprendimiento de la placenta, muerte fetal y hemorragia postparto. La ruptura prematura de la bolsa de las aguas podría desencadenar complicaciones como prolapso del cordón umbilical, requiriendo una posible cesárea.
